Shane no quiso hacer lo que todos en su entorno hacían.
Eso es lo que le llevó a ser alguien especial.
Eso y su obsesión por golpear una bola millones de veces hasta convertir sus guantes en quesos de Gruyère y llegar a casa con las manos llenas de ampollas.
En Clara, un pequeño pueblo del condado de Offaly en Irlanda, todos los amigos de Shane crecían con un hurley en la mano.
Su padre Brendan había ganado el All-Ireland de 1982 en hurling, ese deporte parecido al fútbol gaélico, muy duro y muy irlandés.
La casualidad o el destino lleva a Shane a pisar un día el Esker Hills Golf Club, un campo de golf nuevo en el condado, al que se inscribe con 11 años y hándicap 36.
El que nos ponen cuando empezamos.
Shane había encontrado un lugar donde no era necesario tirarse al suelo, ni gritar, ni había que ensuciarse de barro ni quedar con nadie para jugar.
Nada de programas de alto rendimiento, ni viajes, ni becas de nosequé.
A Shane le gustaba pasarse el día en el Club del condado, echando bolas hasta que se hacía de noche.
Su madre dice que en su adolescencia, Shane encontró su refugio del mundo en el Golf.
Destrozaba los guantes mientras sus amigos salían de fiesta.
Estudió en el Athlone Institute of Technology un curso de gestión de golf y ocio, y compaginó estudio y entreno.
En el 2007 ya representaba a Irlanda sin ser profesional, y en el 2009 ganó el Irish Open en Baltray.
Era el tercer amateur de la historia en lograr un título del European Tour. Eso es lo bonito del golf.
Ser amateur y llegar hasta donde tu juego llegue.
Los que saben mucho de Shane Lowry dicen que es un crack del juego corto.
Y ahí tienes a nuestro chico de pueblo en Nueva York, el domingo pasado en Bethpage Black, remontando un marcador adverso y llegando al hoyo 18 donde el destino le había reservado...
El papel de "Prota".
Medio punto. Un sólo putt. La diferencia entre el infierno y la gloria.
Si la bola entra.
Y la bola, entró. El comentarista de televisión decía que Shane había entrado en un estado de trance sublime que le hacía levitar en sus saltos de alegría loca por el green.
Shane ha repetido públicamente...
...que la Ryder Cup era lo que le hacía levantarse por las mañanas.
Costó mucho ganar el domingo.
Las cosas grandes, cuestan. Y así, las valoramos más.
Feliz fin de semana golfers!